Al llegar a la piazza Duomo desde la calle Seminari, el visitante es recibido por la majestuosa fachada de la Catedral de Santo Stefano, con sus siete arcos neogóticos centrales flanqueados por otros dos más estrechos. Un impacto escenográfico que cautiva la mirada. Construida a principios del siglo XV en honor a la Virgen, como agradecimiento por el fin de la peste de 1399, la catedral ha sufrido con el tiempo numerosos cambios entre ellos la adición del pórtico y la fachada, aunque conserva aún muchas estructuras góticas originales bajo las reformas de los siglos XVIII y XIX.
El interior, gótico y de tres naves, está definido por pilares de base cruciforme, arcos ojivales, bóvedas de crucería y una cúpula octogonal. En el lado izquierdo se accede a una pequeña estancia que conserva una rara representación de Cristo della Domenica: una imagen impactante en la que el Salvador aparece atravesado por herramientas de trabajo, símbolo de la invitación a respetar el descanso festivo del Domingo.
A la izquierda del Duomo se encuentra el Baptisterio de San Giovanni Battista (San Juan Bautista), reconocible por su silueta irregular, su muro de guijarros y ladrillos reutilizados, en marcado contraste con los edificios más recientes.
Erigido en la segunda mitad del siglo X sobre los restos de un cementerio romano, es uno de los ejemplos más significativos del arte románico en el Piamonte. La base cuadrada está rodeada por cuatro ábsides semicirculares, cada una con doce nichos, mientras que el cimborrio octogonal superior está coronado por una linterna con ventanas bíforas y una cruz de hierro del siglo XII, hallada durante las restauraciones de 1913.
En el interior, simple y austero, se conservan algunos fragmentos de frescos, entre ellos una Madonna col Bambino (Virgen con el Niño) y un Santo Mártir, atribuidos al llamado “Maestro di Oropa” y datados entre 1318 y 1319.