En el corazón del casco antiguo de Domodossola se encuentra el Palazzo San Francesco, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, hoy sede de los Museos Cívicos Gian Giacomo Galletti. Sus orígenes se remontan al siglo XIII, cuando se construyó una iglesia gótica con convento de los Frailes Menores, llegando a ser uno de los primeros asentamientos franciscanos del norte de Italia. Con el tiempo y la supresión de las órdenes religiosas, el complejo fue transformado en edificio civil, destinado a distintos usos. En 1881 la Fundación Galletti lo adquirió para albergar sus colecciones, antes de cederlo en 1984 al Ayuntamiento, que después de un importante restauro, fue reabierto al publico en 2021.
Hoy el museo se distribuye en varias plantas; el primero acoge secciones de ciencias naturales y una rica exposición arqueológica e histórica que nos explica la evolución de Ossola desde la prehistoria hasta la edad moderna. La segunda planta alberga colecciones de arte sacro y pintura ossolana del siglo XV al XVIII; y la planta baja conserva restos del del antiguo convento que acoge exposiciones temporales. La atmósfera de los ambientes, entre frescos y arquitectura histórica contribuye a convertir la visita en una inmersión en el tiempo.
A pocos pasos, se encuentra el Palazzo Silva, mansión noble que nos narra la historia de otra época ossolana. Construido en el siglo XIV y transformado en el siglo XVI por la familia Silva, conserva todavía el encanto de las residencias nobles renacentistas con elegantes portales de piedra, ventanas decoradas, un sugestivo patio interno y ambientes decorados con techos de madera, chimeneas monumentales y frescos. En 1882 la Fundación Galletti la convirtió en museo, hoy conocido como Museo del Palazzo Silva. En su interior se exponen armaduras, armas antiguas, instrumentos musicales, mobiliario, objetos curiosos y una rica colección de pinturas y retratos que documentan la vida y el poder de la nobleza ossolana entre la Edad Media y el siglo XIX. Un elemento de alto valor estético es la escalera de caracol en granito que conecta las distintas plantas a partir del subterráneo.
Visitar ambos palacios significa recorrer siglos de historia, arte, espiritualidad y testimonios de un territorio que ha sabido mantener su propia identidad. Dos paradas imprescindibles para aquel que desea descubrir el alma profunda de Domodossola.