Dejé la Riviera cuando aún era un niño para practicar el oficio del estaño en tierra de Francia. Regresé a Orta en 1592, cuando aún había muy poco en esta colina, aparte de la promesa de construir alguna capilla en honor al Santísimo Francisco: todo partía del hermoso concepto del abad Amico Canobio, al que quizá conozcas más adelante. Nosotros también queríamos en Orta un monte como el de Varallo, pero más cómodo, ordenado y devoto.
Precisamente en 1592, junto con otros trabajadores del estaño y la terracota que trabajaban en provincias extranjeras, decidí contribuir a la empresa: queríamos construir esta capilla con nuestro dinero. Pero la suerte no estuvo de nuestro lado ... quien tenga la edad suficiente para recordar, sabe bien que los últimos años del siglo fueron tiempos duros, ¡realmente muy duros! ¡Pero afortunadamente llegaron los notables de Orta! Oh, hombres santos, se hicieron cargo de los costes de toda la construcción. ¡Por eso hoy todo el mundo la llama la capilla de la Comunidad!