La escena se desarrolla en las salas de recepción del palacio de Pilato: en una elegante sala completamente revestida de mármol de colores, Poncio Pilato se sienta en un trono faraónico de estilo oriental, rodeado de cortesanos y un grupo de judíos, que pretenden condenar a Jesús. A la derecha, una multitud vociferante irrumpe en la escena siguiendo a Jesús, quien, exhausto, arrastra los pies sin encontrar fuerzas para mirar a Pilato. El gobernador se gira hacia el grupo de judíos y los criados le lavan las manos: con este gesto se libera de toda responsabilidad y opta por no tomar ninguna decisión sobre el destino de Jesús.
Si te fijas bien, te darás cuenta de que ya conoces a la mayoría de los personajes: tienen la misma fisonomía, la misma expresión y la misma vestimenta que en las capillas anteriores. Uno puede tener la impresión de estar viendo un nuevo episodio de una serie de televisión: el escenario de la película cambia, pero no el reparto.

 

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