"Todo desnudo, sobre la tierra desnuda"
Como leemos en las numerosas biografías escritas por los franciscanos entre los siglos XIII y XIV, Francisco, enfermo, pidió a sus compañeros que le dejaran morir "todo desnudo, sobre la tierra desnuda", dentro de la iglesia de la Porciúncula. Como escribe Bonaventura da Bagnoregio "ciertamente quiso identificarse en todo con Cristo crucificado que, pobre, sufriente y desnudo, permaneció colgado en la cruz".
La vida de Francisco terminó como había comenzado: semejante en todo a la de Jesús. La Iglesia de la Contrarreforma presenta así la figura de Francisco: un santo ejemplar que siguió las enseñanzas del Evangelio en cada momento de su vida.